Santo Cristo de la Grita cumple 408 años de amor fervoroso entre los tachirenses

En Venezuela la fe religiosa se reaviva cada 6 de agosto, en los Andes venezolanos, concretamente en La Grita, estado Táchira, cientos de devotos tributan a su patrono el Santo Cristo de la Grita, que este año se cumplen 408 años de su aparición.

La devoción al Santo Cristo de La Grita es una manifestación religiosa de profundo arraigo en el país.

Se celebra en esta población, capital del municipio Jáuregui, desde el año de 1610, reseña el portal web del Minci.

Año tras año se realiza una peregrinación que sale de San Cristóbal, capital de la entidad andina, hasta la ciudad de La Grita, cuyo trayecto es de unos 70 kilómetros de distancia, que se recorren en aproximadamente 18 horas.

Desde hace más de cuatro siglos, miles de feligreses de diferentes lugares del país acuden a La Grita a honrar, venerar y cumplir promesas frente al milagroso Santo Cristo de La Grita, en la Basílica del Espíritu Santo y en el nuevo Santuario del Santo Cristo de los Milagros de La Grita.

Esta celebración destaca entre las ferias y fiestas tradicionales de Venezuela, por ser una de las manifestaciones religiosas más grandes de América.

A propósito de dicho evento, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, recordó con júbilo esta importante fecha en que se aviva el fuego de la fe de los cristianos en Dios.

En su cuenta Twitter @NicolasMaduro, el Jefe de Estado escribió:

Historia del Santo Cristo de la Grita

En 1610, a causa del terremoto que destruyó la ciudad de La Grita, los frailes franciscanos tuvieron que trasladarse a un campo llamado Tadea, entre iba un escultor que se distinguía más por su piedad que por sus vuelos artísticos. Se llamaba Fray Francisco.

Aterrorizado con el terremoto que en pocos instantes redujo a polvo la población naciente, ofreció al cielo, dice la tradición, hacer una imagen del crucificado para rendirle culto especial y consagrarle la nueva ciudad.

Puso manos a la obra, trazó en un gran tronco de cedro la divina imagen, tomó el hacha y la azuela y empezó a trabajar.

Pronto se exhibió una figura humana, pero que no tenía los lineamientos característicos del Cristo moribundo. Pasaban días y días y Fray Francisco no podía interpretar aquella expresión sublime.

Una tarde después de suspender los trabajos se puso en oración: un éxtasis profundo lo embargó y cuando volvió en sí, ya a altas horas de la noche, oyó que en la pieza de su trabajo golpeaban los formones y el raedor pasaba por las fibras de la madera.

Se acercó y algo como una figura humana envuelta en una ráfaga de luz, salió a través de la puerta, encandilándole los ojos.

Le contó a sus hermanos, y a los primeros albores del día, después de la oración matinal, se dirigieron todos al lugar donde estaba la imagen y la encontraron terminada.

Fray Francisco lloró entonces de placer. En aquella faz divina estaban los rasgos que él había concebido y que le fue posible expresar.

Esa imagen es el Santo Cristo de La Grita, cuyos portentosos milagros llenarían volúmenes si se fuesen a narrar y cuya hechura se atribuye en parte a un Ángel.

Desde ese momento, la imagen se ha convertido en objeto de veneración para niños y adultos, por los milagros que le atribuyen.

Actualmente el Santo Cristo reposa en la Basílica Menor de La Grita y durante los primeros días de agosto en procesión recorre todo el pueblo y recibe homenajes por parte de los miles de feligreses que se trasladan hasta La Grita.

Para estas festividades, la imagen se viste de gala.

El altar se llena de hermosas y coloridas flores y su perizoma (indumentaria) es confeccionado por personas que son escogidas por la cofradía y el Presbítero de La Grita, para agradecerle a la imagen por los milagros realizados.

Oración al Santo Cristo de La Grita

Cristo amoroso que en la cruz clavado,
tu pecho muestra por mi amor herido.
Lava en tu sangre con eterno olvido
la mancha torpe de mi vil pecado.

Por ser fuente de bienes me has amado,
y con muerte afrentosa redimido
por serlo yo de males, te he ofendido
y tus justos preceptos quebrantado.

Tu real palabra has obligado a darme
los bienes cuando yo te los pidiera,
¡Con tan gran caridad llegaste a amarme!

¡Oye, Señor mi petición postrera!
Pues moriste por solo perdonarme.

¡Perdóname, Señor antes que muera!

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